Por: Bartolo Veloz Mella
Hay personas cuyo nombre termina asociado a un cargo. Otras, con el paso de los años, logran algo más difícil: que su nombre quede vinculado a una forma de actuar.
En el caso de la periodista Ada Guzmán, buena parte de quienes han transitado durante décadas por las redacciones, los hospitales, las coberturas de salud y los espacios de relaciones públicas conocen su nombre no solo por su trayectoria profesional, sino por algo más cotidiano y menos visible: su disposición para ayudar.
Ada suele repetir una frase atribuida a la Madre Teresa de Calcuta:
“Ama hasta que te duela.”
Quienes la conocen de cerca entienden que no es una expresión que ella utiliza únicamente como una cita inspiradora. En buena medida, resume una manera de relacionarse con los demás, particularmente cuando un colega, una familia o incluso un desconocido atraviesa una situación difícil.
Entre periodistas, reporteros gráficos, camarógrafos y trabajadores de la comunicación es frecuente encontrar alguna historia en la que Ada aparece haciendo una llamada, gestionando una respuesta, buscando una solución o simplemente acompañando.
Una de esas historias ocurrió durante los días más difíciles de la pandemia.
Eran aproximadamente las 4:30 de la madrugada.
El hermano de un reportero gráfico necesitaba con urgencia dos pintas de sangre.
Quienes vivieron aquellos meses recuerdan lo que significaba una situación semejante. La ciudad estaba prácticamente paralizada, existían fuertes restricciones de circulación y conseguir sangre podía convertirse en una tarea compleja incluso durante el día.
Ada recibió la llamada.
Tenía autorización para circular debido a las funciones que desempeñaba y al permiso asignado al vehículo en que se trasladaba. Eso fue suficiente para decidir salir.
Consiguió la sangre y llegó al hospital.
Lo hizo sin ceremonia, sin fotografías y sin más explicación que una frase sencilla:
“Nadie podía venir a buscarla y yo tenía permiso para circular.”
Entregó las pintas de sangre, preguntó si hacía falta algo más y comenzó a retirarse. Pero mientras caminaba por uno de los pasillos observó a una mujer que parecía necesitar ayuda.
Se detuvo.
En medio de las restricciones sanitarias de aquellos días, mantuvo la distancia y le preguntó qué le ocurría.
La señora explicó su situación.
Ada ya iba de salida.
Sin embargo, regresó.
Poco después volvió acompañada de una enfermera para que pudiera atenderla.
No conocía a aquella mujer.
Tampoco existía una razón profesional que la obligara a intervenir.
Simplemente la vio. Y decidió no seguir caminando.
Para quienes estuvieron allí aquella madrugada, ese gesto terminó diciendo mucho más que cualquier presentación formal.
Y, sin embargo, esa es solo una de muchas historias parecidas que podrían contarse.
Historias de compañeros que necesitaron una gestión médica. De periodistas que buscaron orientación en un momento de dificultad.
De familiares que encontraron una puerta abierta cuando parecía no haber respuesta.
De llamadas hechas fuera de horario, de diligencias que nunca se publicaron y de ayudas que quedaron únicamente en la memoria de quienes las recibieron.
Muchas de esas historias no llegaron a los medios.
Probablemente tampoco deberían hacerlo.
Pero juntas ayudan a comprender por qué, después de tantos años, el nombre de Ada Guzmán resulta familiar para una parte importante de la clase periodística.
Una vida vinculada a la comunicación
Ada Guzmán nació en Santiago de los Caballeros y posee más de tres décadas de ejercicio profesional en el periodismo, las relaciones públicas y la comunicación institucional.
Es egresada de la Universidad Central del Este (UCE) y realizó una maestría en Relaciones Públicas y Publicidad en la Universidad Interamericana, formación que posteriormente complementó con diplomados y estudios especializados en distintas áreas de la comunicación.
Sus primeros años profesionales estuvieron ligados a una de las figuras más influyentes de la comunicación popular dominicana: Rafael Corporán de los Santos.
Durante aproximadamente una década se desempeñó como vicepresidenta de Relaciones Públicas del Circuito Corporán y del emblemático programa Sábado de Corporán.
Aquella experiencia representó mucho más que un espacio laboral. La estructura construida alrededor de Corporán fue durante años una escuela de comunicación, relaciones humanas, gestión pública y contacto directo con una sociedad que acudía diariamente buscando respuestas.
Posteriormente asumiría responsabilidades en las relaciones públicas de Su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús López Rodríguez, una experiencia que fortaleció su perfil institucional y amplió su capacidad para desenvolverse en escenarios de alta responsabilidad pública.
Con el paso de los años, una parte importante de su ejercicio profesional quedó vinculada al sector salud, espacio desde el cual consolidó una relación cercana con periodistas especializados, medios de comunicación, reporteros gráficos, camarógrafos y otros profesionales que diariamente cubren las instituciones sanitarias del país.
Y posiblemente sea allí donde se encuentre una de las razones por las que su nombre resulta tan familiar dentro del gremio.
No exclusivamente por haber ocupado posiciones.
Sino porque respondió muchas veces cuando alguien llamó.
Carácter y sensibilidad
Quienes conocen a Ada Guzmán tampoco necesitan idealizarla.
Tiene carácter.
Defiende sus posiciones con firmeza y puede ser exigente cuando entiende que una situación lo requiere.
Después de tantos años trabajando bajo presión, resolviendo situaciones y manejando responsabilidades, conoce también el cansancio y los días difíciles propios de cualquier trayectoria extensa.
Pero quienes han trabajado cerca de ella reconocen otra dimensión.
Una sensibilidad que muchas veces aparece detrás de esa firmeza.
La capacidad de escuchar.
La preocupación cuando un colega atraviesa una situación complicada.
La disposición para intervenir cuando entiende que puede ayudar.
Quizás por eso aquella frase que suele repetir, “Ama hasta que te duela”, adquiere otro significado cuando se observa su trayectoria.
No se trata de presentar una vida perfecta ni de construir una imagen idealizada.
Se trata de reconocer una constante.
La voluntad de estar.
De responder.
De hacer algo cuando está dentro de sus posibilidades hacerlo.
Porque en este oficio existe una memoria que rara vez queda registrada en documentos.
Los periodistas recuerdan quién contestó el teléfono.
Quién hizo una gestión cuando no había cámaras.
Quién apareció cuando existía un problema.
Quién preguntó después cómo había terminado todo.
Y quién estuvo disponible cuando no existía ningún beneficio en estarlo.
Ada ha construido parte de su historia profesional precisamente en ese terreno. No únicamente desde las oficinas.
También desde los pasillos de hospitales, las llamadas fuera de horario y esas pequeñas situaciones que nunca llegan a convertirse en noticia.
La trayectoria que no cabe en un currículo
Después de más de treinta años de ejercicio profesional, existen muchos elementos para escribir la semblanza de Ada Guzmán.
Están sus estudios.
Sus cargos.
Las instituciones en las que ha trabajado.
Las personalidades con las que ha compartido responsabilidades.
Su experiencia en comunicación, relaciones públicas y salud.
Pero hay otra parte de su trayectoria que probablemente resulte imposible colocar dentro de una hoja de vida.
Está repartida entre las personas que alguna vez recibieron una llamada suya.
Entre quienes encontraron una orientación.
Entre colegas que recuerdan una gestión.
Entre familias a las que ayudó discretamente.
Y entre historias como aquella madrugada de pandemia, cuando después de resolver la emergencia que la había llevado al hospital pudo simplemente marcharse, pero decidió detenerse porque vio que otra persona necesitaba ayuda.
Y como esa historia, existen otras.
Algunas conocidas.
Otras guardadas únicamente por quienes estuvieron allí.
Tal vez por eso, después de tantos años, su nombre continúa siendo familiar para buena parte de la clase periodística.
No únicamente porque lo hayan leído.
Sino porque, en algún momento, lo escucharon cuando alguien necesitaba ayuda.
Y quizá ahí se encuentre la explicación más sencilla de una frase que Ada Guzmán ha repetido durante años:
“Ama hasta que te duela.”

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